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Localización: el Huevo y la Gallina

Sin duda, una de las barreras más grandes que nos ha tocado enfrentar en el mundo del software es la idiomática. Para muchos de nosotros, el autoaprendizaje es lo que nos permite mantenernos al día con la dinámica del mundo tecnológico. Hispanoamérica quizás esté actualmente menos afectada por esta condición, a medida que más profesionales priorizan el aprendizaje del idioma inglés como parte de su desarrollo personal, o lo encuentran dentro de la currícula universitaria, por lo menos a un nivel técnico. Pero si nos ponemos a pensar en otras culturas, que no usan en su escritura caracteres del alfabeto latino, o escriben de derecha a izquierda, nos podemos dar cuenta que el problema es bastante mas complejo y que se puede estar dejando fuera a sectores profesionales importantes, lo que contradice la esencia misma del proceso de globalización en que supuestamente vivimos el día de hoy. Lamentablemente no es algo a lo que las compañías de software le estén dedicando muchos recursos.

Una decisión administrativa

Independientemente de las dificultades que puede presentar localizar software para un idioma o comunidad en particular, la decisión de hacerlo o no, estará finalmente basada en un análisis del retorno en la inversión: la compañía traducirá el software para aquellos mercados que le representen una mayor demanda que satisfacer, más crudamente, valdrá la pena localizar el software para quienes vayan a comprar mas. Resulta obvio que la aceptación del Inglés como el standard (ya ven lo que digo) para el intercambio cultural es lo que, en primer lugar, ha permitido que se facilite el acceso a la información y que la globalización misma se genere, pero no olvidemos que la curva de aprendizaje todavía existe y es muy real.

El problema va mucho más allá de la simple traducción de los paquetes que usamos. Desde mi punto de vista, el problema de la Localización de software se puede apreciar en tres niveles:

  • Lenguaje de la interfaz: Definitivamente el primer paso para adaptar software a la realidad de un sector, es producir una interfaz en el idioma adecuado. Pero la interfaz no termina en los títulos de los menús o el texto en los botones, sino que debe comprehensiva y considerar también los ficheros de ayuda, extensiones, etc.
  • Soporte de estructuras idiomáticas: Al margen del lenguaje de la interfaz del software, nuestro trabajo debería ser capaz de mostrar datos en cualquier idioma. Por poner un ejemplo de mi propia experiencia, Macromedia Flash tiene problemas con el soporte de textos en lenguajes que se escriben de derecha a izquierda, de manera apropiada: pese a que los caracteres puede ser mostrados, el reproductor de Flash tiene problemas para mantener consistencia en la orientación de las lineas. Hasta la fecha, la solución a éste problema depende de una decisión administrativa de parte de Macromedia.
  • Disponibilidad de documentación y soporte: Además los ficheros de ayuda que forman parte del paquete, el usuario debería poder beneficiarse de un sistema de servicio al cliente en su propia lengua, incluyendo no solo soporte telefónico, si no también la disponibilidad de foros de discusión, listas de interés, grupos de usuarios, etc.

Teniendo en cuenta que el numero estimado de lenguajes hablados en el mundo es de 6,809, y que el 90% de estos es hablado por menos de 100 mil personas, es fácil entender la utopía del poder complacer a todo el mundo. En el mismo sentido, el idioma hablado por el mayor número de personas (el chino, que en varios sabores es hablado por más de mil doscientos millones de personas) no es el de mayor distribución geográfica, puesto que le corresponde justamente al idioma inglés.

Un clásico problema de Oferta y Demanda

Decíamos que para ajustar software a una realidad idiomática particular, ésta tenía que constituir un mercado viable y atractivo para la compañía que lo produce. Uno de los principales obstáculos que estas vienen enfrentando es el de la distribución de copias ilegales, números de serie, cracks, etc. fenómeno que en su conjunto se le llama comúnmente Piratería, y cuya practica es especialmente latente en el mercado hispanoamericano.

Como todos sabemos, el uso ilegal de software afecta directamente los ingresos de las empresas que los producen, y en consecuencia reducen el interés de éstas, en el sector. Sin embargo, en mi opinión, la raíz del problema parte de la amplia diferencia existente entre el nivel de ingresos en los Estados Unidos y cualquier otro país del globo, y en especial Hispanoamérica. En otras palabras, resulta demasiado costoso, y hasta prohibitivo, pagar el precio de lista por software original, en países con menor ingreso per cápita.

Dada esta realidad, ¿por que no existen políticas de precio diferenciado, que faciliten la penetración en mercados como el nuestro? ¿No se entiende el beneficio potencial? A mí me parece bastante lógico: Precios mas bajos debilitan la demanda de copias ilegales, y en consecuencia estimulan la venta directa, generando así ingreso antes inexistente. Claro que hay otros elementos asociados a una operación de este tipo, como la creación de algún sistema que asegure que nadie tome ventaja maliciosa de los precios especiales con fines ilícitos (como reventa en los Estados Unidos, por ejemplo).

Pero no es el objetivo de este artículo sobre analizar este asunto en particular. Sabemos que es más complejo, pero es claro que existen alternativas plausibles al problema económico. No se trata de reducir los precios la mitad, sino de otorgar facilidades a sectores empresariales y profesionales menos pudientes que el norteamericano.

El Huevo y la Gallina

El caso es que hasta este momento no he visto iniciativas claras que busquen romper el ciclo paradójico: mientras que los altos precios del software continúen representando un obstáculo a sectores menos pudientes, copias ilegales seguirán siendo distribuidas, afectando negativamente los ingresos de las compañías productoras, y en consecuencia, su interés en estos mercados, obligándolos a mantener o incrementar los precios de sus paquetes.

Entonces, ¿Qué alternativas existen para romper el círculo vicioso? El mayor aporte que los promotores del Open Source han podido hacer al mundo es el sentido de comunidad. En ese sentido, muchas iniciativas para el bien común nacen en el seno de comunidades formadas en torno a una tecnología o plataforma de trabajo. Entre estas iniciativas, destacan aquellas que buscan difundir información en diferentes lenguajes, de manera extraoficial. Solo por mencionar un par de casos, el manual en línea para PHP, un servidor de aplicaciones de distribución libre, es una iniciativa comunitaria disponible en más de 20 idiomas y recibiendo colaboraciones continuamente; mientras que el diccionario de ActionScript que Macromedia tiene en línea fue precedido por documentos similares , organizados por miembros de la comunidad Flash, incluyendo algunos hispano-hablantes bilingÌes. Cabe mencionar que ésta última iniciativa fue repetida en español posteriormente.

Es mi parecer que este tipo de proyectos deberían ser activamente promovidos y sustentados de alguna manera por aquellas compañías que se ven directamente beneficiadas por su funcionamiento. Se trata de una responsabilidad moral, ya que proyectos como estos no dejarán de aparecer mientras la coyuntura exista.

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